No podemos negar que el sector de los eventos y las emociones van de la mano. Es un tándem inseparable. No me atrevería a afirmar que sin eventos no hay emociones. Pero sin duda, sin emociones, los eventos no tienen sentido.

Según la la RAE, emoción se define como:

  1. Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática.
  2. Interés, generalmente expectante, con que se participa en algo que está ocurriendo.

 

Aunque hay diferentes teorías sobre la clasificación de las emociones, y el número de emociones ( unos argumentan que son 6, otros 4, otros 7…) lo cierto es que todavía hay mucho que investigar sobre el origen de las emociones y su posible modificación desde el punto de vista de la comunicación y del marketing, concretamente a través del neuromarketing.

Si a través de un evento queremos “emocionar al asistente”, sin duda tendremos que identificar en primer lugar qué emociones nos interesan

  • Alegría
  • Tristeza
  • Enfado
  • Miedo
  • Sorpresa
  • ….

 

Partimos de la base que las emociones son un proceso dinámico, individual y que es muy complicado modificar desde el exterior, sin embargo existen diferentes factores ambientales, que pueden modificarlas.

Sin duda, la estimulación de los sentidos es una de las herramientas más utilizadas para influir en el estado emocional de las personas. Pero ¿cómo podríamos hacerlo?.

 

La vista. Los elementos visuales juegan un papel fundamental. Muchos estudio demuestran que casi un 50% de la capacidad de nuestro cerebro se centra en el contenido visual. Suele ser más sencillo recordar imágenes. Así es que la iluminación, los colores utilizados ( por ejemplo , los amarillos, rojos y los que corresponden a sus familias recuerdan la idea del sol, calor y fuego; mientras los azules, verdes y muchos violetas se asemejan a la frescura, la profundidad, la humedad, el agua y el hielo) así como la utilización de formas redondeadas o con picos, son herramientas que tendremos que utilizar en nuestro evento para crear un ambiente óptimo para nuestros objetivo.

 

El olfato. Los aromas tienen un efecto inmediato y directo en las emociones, si bien es cierto que es muy individual y no siempre tiene los efectos esperados.

Existen algunos estudios que han comprobado en las encuestas realizadas a los asistentes a un evento, y  concretamente en lo que se refiere al espacio y el ambiente creado para la realización del evento, que las valoraciones son más positivas cuando el olor es agradable que cuando no lo hay. Asimismo, varios estudios han confirmado que el olor a limón o cítrico es tranquilizador. Lo que está claro es que tendremos que elegir un aroma acorde al evento, para dar coherencia. Recuerdo que en la inauguración de una tienda de ropa infantil, colocamos varios ambientadores de Nenuco, y efectivamente los asistentes al entrar exclamaban… ¡Mmmmm huele a bebé!. ( objetivo conseguido).

 

El oído. La utilización del lenguaje, y concretamente la prosodia, ocupa un lugar prioritario en la mayoría de los eventos. La entonación, la modulación, el volumen… captarán o no la atención de los asistentes y afectará a su estado de ánimo, a sus emociones. Por ejemplo, la elección de la música para el evento, es también una decisión importante, que tendrá que tomarse teniendo en cuenta el tipo de evento, así como las características de los asistentes.

No podemos olvidarnos que el cerebro presta más atención al principio y al final de un evento, de forma que deberemos darle fuerza en esos dos momentos, para potenciar el mensaje.

 

El tacto. Permite percibir temperatura, aspereza, suavidad, dureza, blandura, etc.Dado que apuesto por la accesibilidad en los eventos, me gustaría resaltar la importancia del tacto para las personas con discapacidad visual, puesto que en este caso, el tacto adquiere un valor mucho más destacado , ya que gracias a él pueden palpar, examinar, observar y conocer y reconocer personas y objetos. Así como leer y asimilar de este modo toda la información que hay en los libros.

El tacto podremos potenciarlo con la utilización de novedosos materiales y texturas que llamen la atención de los asistentes y junto con los elementos visuales crear un ambiente adecuado a los objetivos que nos hemos planteado.

 

El gusto. El momento “más social” de un evento, y que supone la organización de un vino español, cóctel o almuerzo, es una buena oportunidad para poner en práctica el sentido del gusto. Cierto que el presupuesto nos va a condicionar, pero en cualquier caso, tenemos que apostar por la calidad, por la innovación y la sorpresa más que por la cantidad. Y si fuera posible, asociar esa experiencia sensorial que es el gusto con un recuerdo (a modo de la Magdalena de Proust).

 

Es imprescindible crear emociones, a través de la risa, la sorpresa, el miedo… de forma que podamos crear un marcador en los asistentes y que la emoción impacte en la memoria y constituya así un recuerdo del evento y del mensaje.

 

De forma un tanto preocupante, hoy en día es cierto que la constante utilización de pc y smartphones están provocando cambios en la utilización de nuestros sentidos y de nuestro cerebro. Por eso, considero que una de las misiones que tenemos los organizadores de eventos, sin duda, es potenciar la comunicación en vivo, e intentar que los asistentes a un evento utilicen todos los sentidos posibles, de forma que se puedan provocar el mayor número de emociones.